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EL ALTO PRECIO DE LA DEMAGOGIA

Enviado por Partido Político ChilePrimero el 26/10/2009 a las 14:00



La situación terminal de nuestra educación pública no resiste más demagogia. Hay que aprovechar la claridad, franqueza y valentía del Gobierno al enfrentar con la verdad al Colegio de Profesores y sentarse a resolver los problemas.


Escrito por Jorge Schaulsohn
Fundador ChilePrimero


Hoy se cumple el tercer día de paro del profesorado del sistema de educación pública, es decir del que atiende a los niños y jóvenes de menos recursos, a los más vulnerables. Los otros, los afortunados cuyas familias pueden financiar una educación están en clases, preparándose para rendir la PSU, soñando con un futuro mejor. El mismo sistema que en los últimos años ha perdido más del 25% de la matrícula a manos de los colegios particulares y particulares subvencionados porque los padres, aburridos con las huelgas y la mala calidad de la educación, han huido de ella.

Este paro es el cuarto en lo que va del 2009 y pone en riesgo el año escolar. La razón es siempre la misma: reivindicaciones económicas de los profesores, hoy bajo el pretexto de una deuda histórica que no existe y que se remonta a leyes dictadas en 1980 y 1981. Nunca hemos tenido una huelga de maestros exigiendo una mejoría de la calidad. Los promotores del paro son los mismos dirigentes que se comportan como sindicato de una fábrica de salchichas, indiferentes ante el drama que provocan a sus estudiantes, que se niegan a ser evaluados como corresponde, que no aceptan que sus salarios se vinculen al rendimiento y desempeño, que siempre tienen en la punta de la lengua un argumento para evadir su propia responsabilidad por la pésima calidad de la educación que imparten.

Pero sería injusto responsabilizar sólo a la directiva del Colegio de Profesores por la huelga. Si hemos llegado a este punto la culpa es también de los parlamentarios, de todos los colores políticos, que han alimentado la ilusión de una deuda histórica con tal de no arriesgar la pérdida de ningún voto. Por eso se formó una comisión en la Cámara de Diputados que sembró falsas ilusiones entre los maestros de que su demanda sería estudiada y, eventualmente, pagada. En dicha Comisión se jugó con las cifras, que oscilaron como un péndulo entre los 14 mil millones de dólares, o un 35% de presupuesto anual de Chile y un 8% del producto interno bruto, a los 2 mil millones de dólares.

Los profesores han sido bien tratados durante los gobiernos de la Concertación; bastante mejor que los alumnos para ser exactos. Sus sueldos han aumentado en más de un trescientos por ciento, muchísimo más que los del resto de los chilenos. Ello sin considerar las becas de capacitación, bonos y otras conquistas. Además fueron "rescatados" del ámbito del Código del Trabajo al que habían sido arrojados junto con el resto de los trabajadores en 1980 por el Estatuto Docente de 1992 que les concedió inamovilidad, carrera docente y dependencia salarial directa del Ministerio de Educación. Además de la construcción de cientos de nuevas escuelas, materiales adecuados de distribución gratuita y alimentación para los pupilos. Mientras tanto sus "clientes", es decir los estudiantes, se han tenido que conformar con una educación pública que va de mal en peor.

Los dirigentes actuales del Colegio nos quieren hacer creer que la razón de la mala educación pública es que hay otro tipo de colegios que son mejores que los municipales, donde los profesores si son evaluados y, si no lo hacen bien, tienen que irse y a los cuales todos quieren ingresar. Y por eso las emprenden contra el lucro. Es decir, que la solución es eliminar los recursos que se destinan a los colegios particulares subvencionados para entregárselos a los municipalizados, destruir lo que funciona bien para tratar de arreglar lo que funciona mal; eso sí, sin tocar ni con él pétalo de una rosa a los principales actores del proceso educativo, los profesores.

El gobierno también ha caído en esta trampa. No ha querido enfrentar los temas duros de la mala calidad de la educación y ha optado por el camino fácil: dictar leyes declarativas pero que poco ayudan a resolver los problemas. Así, por ejemplo, vincular las remuneraciones a desempeño individual y del establecimiento, destinar más recursos a los colegios buenos y cerrar los malos (municipales y subvencionados) trasladando gratis a los estudiantes a los colegios buenos, terminar con la inamovilidad del profesor, que la mala evaluación obligue a abandonar el aula de inmediato, premiar a los Directores de colegios de buen rendimiento, etc., no se tocan.

Pero toda crisis puede ser una oportunidad. Decir que la deuda histórica no existe no significa que no se pueda constituir una mesa de trabajo entre el Gobierno y el Colegio: Pero no para resolver cuánta plata recibirán esta vez, como ha ocurrido siempre antes, para que todo siga igual hasta la próxima huelga; sino que para convenir medidas drásticas que verdaderamente ayuden a mejorar la calidad de la educación, sin temas prohibidos y con concesiones verdaderas. Y, desde luego, poniendo término inmediato a la paralización por el bien de los estudiantes. Porque la situación terminal de nuestra educación pública no resiste más demagogia hay que aprovechar la claridad, franqueza y valentía del Gobierno al enfrentar con la verdad al Colegio de Profesores y sentarse a resolver los problemas.

Foto: Paro de Profesores

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A VOTAR LAS MURALLAS: ENCUENTRO CON JÓVENES EN QUINTA NORMAL

Enviado por Partido Político ChilePrimero el 19/10/2009 a las 9:58



VEN Y SÚMATE A ESTA ACTIVIDAD!
ESTE JUEVES 22 DE OCTUBRE EN EL PARQUE QUINTA NORMAL (METRO LINEA 5), DESDE LAS 18:00 HORAS


Inscríbete en jovenes@chileprimero.cl

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LOS 75 COMPROMISOS DEL FUTURO GOBIERNO DE LA COALICIÓN POR EL CAMBIO

Enviado por Partido Político ChilePrimero el 16/10/2009 a las 9:25



"Yo le quiero decir a la clase media chilena, que es el corazón y la columna vertebral de nuestro país, que en nuestro gobierno, nunca más le vamos a dar la espalda, siempre le vamos a dar la cara, porque es lo que necesita y es lo que merece".

En Estación Central y acompañado del Presidente de ChilePrimero, Alberto Precht, el candidato Sebastián Piñera dió a conocer sus propuestas, orientadas principalmente a la clase media y los sectores más vulnerables del país.

Estos compromisos recogen el trabajo de los más de 1.500 profesionales de los Grupos Tantauco. Piñera recalcó que el énfasis de su gobierno estará puesto en "una nueva forma de gobernar y reestableciendo la cultura de hacer las cosas bien".

"La Concertación ya tuvo su oportunidad, lleva 20 años en el Gobierno... Y yo les pido a los chilenos que nos den la oportunidad y también que sean parte de este gran proyecto de hacer de Chile un mejor país y de cambiar para mejor la vida de la gente", señaló el candidato de la Coalición por el Cambio.

- Haz click aquí para ver el desglose de los 75 compromisos


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"HAY QUE SABER GANAR, HAY QUE SABER PERDER"

Enviado por Partido Político ChilePrimero el 10/10/2009 a las 9:28

-No debemos olvidar, ni por un instante, que la gobernabilidad es un patrimonio de todos los chilenos. Esta es la razón para que seamos admirados como país en el gran concierto internacional, precisamente por nuestra capacidad de entendernos.

Columna de Fernando Flores
Publicada en
El Mercurio

La campaña presidencial ha subido de tono. Ello no debería sorprendernos, por cuanto para las partes en competencia es mucho lo que está en juego, que no es otra cosa que el futuro de Chile.

La Concertación, por vez primera desde la recuperación de la democracia, ve amenazada su continuidad en el poder por dos circunstancias que no estaba preparada para enfrentar. Por un lado aparece la Coalición por el Cambio, que surge como una alternativa novedosa, a la que concurren elementos de centroderecha y centroizquierda, dispuestos a trabajar juntos por el bien del país. Superando las divisiones del pasado, dispuestos a conformar un gobierno de unidad nacional, con un candidato como Sebastián Piñera, que es capaz de liderar a personas con pasados diferentes, por un futuro en común.

La segunda circunstancia es la potente campaña desarrollada, contra todo pronóstico, por Marco Enríquez-Ominami, un diputado joven y energético que ha logrado poner un signo de interrogación sobre las posibilidades de Eduardo Frei de pasar a una segunda vuelta.

Sin embargo, por rudas que sean las campañas, hay ciertos límites que no se deben traspasar. Hay cosas que resultan necesarias de cuidar, aun a riesgo de enfrentar un veredicto popular adverso, porque uno de los mayores signos de compromiso democrático es ser un leal competidor. Una de ellas es usar la gobernabilidad, es decir, la capacidad de entendimiento entre los distintos sectores políticos, a pesar de sus legítimas diferencias, como una estrategia de campaña. Para esto es necesario también poner los intereses de nuestro país antes que las opciones políticas particulares.

No debemos olvidar, ni por un instante, que la gobernabilidad es un patrimonio de todos los chilenos. Esta es la razón por la cual los emprendedores e inversionistas están dispuestos a tomar riesgos en el país, invirtiendo sus capitales, creando empresas y generando empleo. Es la razón por la cual otras naciones confían e importan nuestros productos de exportación. Es la razón por la cual nuestros empresarios pueden obtener financiamiento a tasas razonables para sus proyectos. La razón para que seamos admirados como país en el gran concierto internacional, precisamente por nuestra capacidad de entendernos.

Los chilenos sabemos por experiencia que cuando la gobernabilidad se usa como estrategia política, negándole al gobierno de turno toda colaboración, incentivando los conflictos sociales y propiciando la inestabilidad, las consecuencias pueden ser desastrosas. Así ocurrió en otras épocas, en las que el lema de los opositores era negarle "la sal y el agua" al gobierno, lo que culminó en 1973 con la destrucción de la democracia con una secuela de sufrimientos que nos tomó más de dos décadas superar.

Por eso, me resultan impactantes las declaraciones formuladas por el ex Presidente Frei -pronunciadas en el acto conmemorativo del aniversario del triunfo del No- anunciando que de triunfar nuestra opción habría un aumento de la conflictividad social. Porque ellas sólo pueden ser leídas como una amenaza de generar artificialmente un cuadro de ingobernabilidad.

Le pido al candidato de la Concertación, con respeto, que recapacite, escuche los sabios consejos de sus camaradas Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, y se baje de ese "caballo" que, dicho sea de paso, en nada ayuda a su opción presidencial, porque la ciudadanía rechaza sin duda el uso del terror y la propagación del miedo como armas electorales. Es particularmente decepcionante que dichas expresiones hayan sido proferidas en una celebración cuya dimensión histórica radica, precisamente, en haber refundado las bases de la convivencia democrática civilizada.

Como prueba de lo hablado, pensemos en la regla básica de la democracia, que consiste no en saber ganar elecciones, no en pretender que el futuro será como el pasado, sino que en saber también perder, sabiendo también reconocer que ninguna coalición es eternamente buena, y que hay momentos de reconstitución de las configuraciones y sus aspiraciones.

- Blog de Fernando Flores

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LA TRANSICIÓN DEL BICENTENARIO

Enviado por Partido Político ChilePrimero el 05/10/2009 a las 10:04



El 5 de octubre de 1988 fue un día largo y de profundas emociones para Chile. Ese día el país se vio enfrentado a una encrucijada histórica y tuvo que optar entre dos caminos: prolongar por ocho años un régimen militar, que si bien hizo importantes modernizaciones que se mantienen hasta hoy, significó también dolor y sufrimiento para muchos compatriotas, o dar el paso valiente y audaz de tomar un lápiz y votar por el camino más rápido, directo y pacífico a la democracia.

La mayoría de los chilenos pensábamos que el camino más corto a la democracia era lo mejor para Chile, y por eso trabajamos y votamos con entusiasmo por el No.

Lo hicimos convencidos de que la democracia era nuestra forma natural de vida y convivencia y que, después de 17 años de gobierno militar, Chile no sólo estaba preparado para ella, sino que la necesitaba tanto como el aire que respiramos. Y también, porque sabíamos que cuando un grupo se eterniza en el poder, cualquiera sean sus intenciones y orientación, inevitablemente devienen la fatiga, los abusos y la incompetencia.

Recuerdo perfectamente bien que en ese tiempo muchos de mis amigos y de quienes hoy me apoyan no compartieron mi decisión. Pero la mantuve a firme. Así entiendo el liderazgo: defender con fuerza lo que uno cree mejor para Chile, aun a riesgo de contrariar a los propios adherentes.

Normalmente el paso desde un gobierno autoritario a uno democrático se hace en un ambiente de revolución, con caos político, crisis económica y violencia social. Pero en 1988 los chilenos tuvimos la sabiduría y grandeza de aprender de nuestros propios errores, fijar la vista en el futuro y poner por delante lo mucho que nos unía por sobre nuestras legítimas diferencias.

Contamos también con el patriotismo y la altura de miras de políticos notables a quienes les debemos mucho, como Patricio Aylwin, Edgardo Boeninger, Gabriel Valdés, Francisco Bulnes, Sergio O. Jarpa y Ricardo Rivadeneira. Con orgullo hoy podemos decir que en Chile todos, civiles y militares, gobierno y oposición, hicieron su aporte para hacer una transición que en muchos sentidos fue ejemplar.

Pero ésa es la transición vieja, la transición antigua. El Sí y el No, gracias a Dios, quedaron atrás y ya son parte de la historia. Veintiún años después Chile nuevamente se ve enfrentado a una encrucijada, y en pocas semanas más deberá optar entre seguir a media máquina, como está ahora, o iniciar con fuerza y voluntad una nueva transición: la transición joven, la transición del cambio, el futuro y la esperanza.

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