"Yo le quiero decir a la clase media chilena, que es el corazón y la columna vertebral de nuestro país, que en nuestro gobierno, nunca más le vamos a dar la espalda, siempre le vamos a dar la cara, porque es lo que necesita y es lo que merece".
En Estación Central y acompañado del Presidente de ChilePrimero, Alberto Precht, el candidato Sebastián Piñera dió a conocer sus propuestas, orientadas principalmente a la clase media y los sectores más vulnerables del país.
Estos compromisos recogen el trabajo de los más de 1.500 profesionales de los Grupos Tantauco. Piñera recalcó que el énfasis de su gobierno estará puesto en "una nueva forma de gobernar y reestableciendo la cultura de hacer las cosas bien".
"La Concertación ya tuvo su oportunidad, lleva 20 años en el Gobierno... Y yo les pido a los chilenos que nos den la oportunidad y también que sean parte de este gran proyecto de hacer de Chile un mejor país y de cambiar para mejor la vida de la gente", señaló el candidato de la Coalición por el Cambio.
-No debemos olvidar, ni por un instante, que la gobernabilidad es un patrimonio de todos los chilenos. Esta es la razón para que seamos admirados como país en el gran concierto internacional, precisamente por nuestra capacidad de entendernos.
La campaña presidencial ha subido de tono. Ello no debería sorprendernos, por cuanto para las partes en competencia es mucho lo que está en juego, que no es otra cosa que el futuro de Chile.
La Concertación, por vez primera desde la recuperación de la democracia, ve amenazada su continuidad en el poder por dos circunstancias que no estaba preparada para enfrentar. Por un lado aparece la Coalición por el Cambio, que surge como una alternativa novedosa, a la que concurren elementos de centroderecha y centroizquierda, dispuestos a trabajar juntos por el bien del país. Superando las divisiones del pasado, dispuestos a conformar un gobierno de unidad nacional, con un candidato como Sebastián Piñera, que es capaz de liderar a personas con pasados diferentes, por un futuro en común.
La segunda circunstancia es la potente campaña desarrollada, contra todo pronóstico, por Marco Enríquez-Ominami, un diputado joven y energético que ha logrado poner un signo de interrogación sobre las posibilidades de Eduardo Frei de pasar a una segunda vuelta.
Sin embargo, por rudas que sean las campañas, hay ciertos límites que no se deben traspasar. Hay cosas que resultan necesarias de cuidar, aun a riesgo de enfrentar un veredicto popular adverso, porque uno de los mayores signos de compromiso democrático es ser un leal competidor. Una de ellas es usar la gobernabilidad, es decir, la capacidad de entendimiento entre los distintos sectores políticos, a pesar de sus legítimas diferencias, como una estrategia de campaña. Para esto es necesario también poner los intereses de nuestro país antes que las opciones políticas particulares.
No debemos olvidar, ni por un instante, que la gobernabilidad es un patrimonio de todos los chilenos. Esta es la razón por la cual los emprendedores e inversionistas están dispuestos a tomar riesgos en el país, invirtiendo sus capitales, creando empresas y generando empleo. Es la razón por la cual otras naciones confían e importan nuestros productos de exportación. Es la razón por la cual nuestros empresarios pueden obtener financiamiento a tasas razonables para sus proyectos. La razón para que seamos admirados como país en el gran concierto internacional, precisamente por nuestra capacidad de entendernos.
Los chilenos sabemos por experiencia que cuando la gobernabilidad se usa como estrategia política, negándole al gobierno de turno toda colaboración, incentivando los conflictos sociales y propiciando la inestabilidad, las consecuencias pueden ser desastrosas. Así ocurrió en otras épocas, en las que el lema de los opositores era negarle "la sal y el agua" al gobierno, lo que culminó en 1973 con la destrucción de la democracia con una secuela de sufrimientos que nos tomó más de dos décadas superar.
Por eso, me resultan impactantes las declaraciones formuladas por el ex Presidente Frei -pronunciadas en el acto conmemorativo del aniversario del triunfo del No- anunciando que de triunfar nuestra opción habría un aumento de la conflictividad social. Porque ellas sólo pueden ser leídas como una amenaza de generar artificialmente un cuadro de ingobernabilidad.
Le pido al candidato de la Concertación, con respeto, que recapacite, escuche los sabios consejos de sus camaradas Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, y se baje de ese "caballo" que, dicho sea de paso, en nada ayuda a su opción presidencial, porque la ciudadanía rechaza sin duda el uso del terror y la propagación del miedo como armas electorales.
Es particularmente decepcionante que dichas expresiones hayan sido proferidas en una celebración cuya dimensión histórica radica, precisamente, en haber refundado las bases de la convivencia democrática civilizada.
Como prueba de lo hablado, pensemos en la regla básica de la democracia, que consiste no en saber ganar elecciones, no en pretender que el futuro será como el pasado, sino que en saber también perder, sabiendo también reconocer que ninguna coalición es eternamente buena, y que hay momentos de reconstitución de las configuraciones y sus aspiraciones.
El 5 de octubre de 1988 fue un día largo y de profundas emociones para Chile. Ese día el país se vio enfrentado a una encrucijada histórica y tuvo que optar entre dos caminos: prolongar por ocho años un régimen militar, que si bien hizo importantes modernizaciones que se mantienen hasta hoy, significó también dolor y sufrimiento para muchos compatriotas, o dar el paso valiente y audaz de tomar un lápiz y votar por el camino más rápido, directo y pacífico a la democracia.
La mayoría de los chilenos pensábamos que el camino más corto a la democracia era lo mejor para Chile, y por eso trabajamos y votamos con entusiasmo por el No.
Lo hicimos convencidos de que la democracia era nuestra forma natural de vida y convivencia y que, después de 17 años de gobierno militar, Chile no sólo estaba preparado para ella, sino que la necesitaba tanto como el aire que respiramos. Y también, porque sabíamos que cuando un grupo se eterniza en el poder, cualquiera sean sus intenciones y orientación, inevitablemente devienen la fatiga, los abusos y la incompetencia.
Recuerdo perfectamente bien que en ese tiempo muchos de mis amigos y de quienes hoy me apoyan no compartieron mi decisión. Pero la mantuve a firme. Así entiendo el liderazgo: defender con fuerza lo que uno cree mejor para Chile, aun a riesgo de contrariar a los propios adherentes.
Normalmente el paso desde un gobierno autoritario a uno democrático se hace en un ambiente de revolución, con caos político, crisis económica y violencia social. Pero en 1988 los chilenos tuvimos la sabiduría y grandeza de aprender de nuestros propios errores, fijar la vista en el futuro y poner por delante lo mucho que nos unía por sobre nuestras legítimas diferencias.
Contamos también con el patriotismo y la altura de miras de políticos notables a quienes les debemos mucho, como Patricio Aylwin, Edgardo Boeninger, Gabriel Valdés, Francisco Bulnes, Sergio O. Jarpa y Ricardo Rivadeneira. Con orgullo hoy podemos decir que en Chile todos, civiles y militares, gobierno y oposición, hicieron su aporte para hacer una transición que en muchos sentidos fue ejemplar.
Pero ésa es la transición vieja, la transición antigua. El Sí y el No, gracias a Dios, quedaron atrás y ya son parte de la historia. Veintiún años después Chile nuevamente se ve enfrentado a una encrucijada, y en pocas semanas más deberá optar entre seguir a media máquina, como está ahora, o iniciar con fuerza y voluntad una nueva transición: la transición joven, la transición del cambio, el futuro y la esperanza.
Porque es empresario. Ha demostrado de sobra capacidad de ser autónomo, no heredó patrimonio, y ha creado una cantidad importante de riqueza económica. Entiende de sobra la importancia crucial de ser competitivos en este mundo para poder abrirnos oportunidades igualitarias de verdad.
Porque es solidario. Me cuenta gente confiable que es un aportador significativo del Hogar de Cristo, ha creado varias fundaciones, y aprecio mucho su parque natural en Chiloé que ha abierto gratuitamente a todos.
Porque tiene credenciales democráticas impecables. Fue un destacado senador, votó en contra de la prolongación del gobierno de Pinochet, lo que le ha traido problemas hasta el día de hoy, fue una figura clave de la oposición para abrirle paso a la transición a la democracia junto con el gobierno de Aylwin, algo que puede enorgullecernos como chilenos.
Como buen empresario, es ambicioso, es hacedor, se siente desafiado por solucionar lo que no parece posible, tiene sentido de urgencia, no se tranquiliza con la mediocridad.
¡Chile necesita un golpe vitamínico!
A veces escucha poco, a veces se precipita, a veces se lo come el entusiasmo, a veces atropella. Qué hacerle. Viene con el paquete. No parece tan malo tampoco.
Porque puede terminar con los gobiernos de la Concertación, los que ya no dan para más y nos siguen metiendo en un declive cada vez más parado.
¿ME-O? No está mal. Pero pa después.
¿Que anda con mucho momio, de esos llamados valórios, a su alrededor? Cierto. Pero no me importa demasiado por ahora. Urge primero hacernos competitivos en serio para garantizar algo de igualdad de oportunidades a nuestros jóvenes. Muy liberales y modernos en nuestros valores y pobres como las ratas, no sirve.
(y al otro lado, este momierío no es muy diferente que digamos)