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No debemos olvidar, ni por un instante, que la gobernabilidad es un patrimonio de todos los chilenos. Esta es la razón para que seamos admirados como país en el gran concierto internacional, precisamente por nuestra capacidad de entendernos.
Columna de Fernando Flores
Publicada en El Mercurio
La campaña presidencial ha subido de tono. Ello no debería sorprendernos, por cuanto para las partes en competencia es mucho lo que está en juego, que no es otra cosa que el futuro de Chile.
La Concertación, por vez primera desde la recuperación de la democracia, ve amenazada su continuidad en el poder por dos circunstancias que no estaba preparada para enfrentar. Por un lado aparece la Coalición por el Cambio, que surge como una alternativa novedosa, a la que concurren elementos de centroderecha y centroizquierda, dispuestos a trabajar juntos por el bien del país. Superando las divisiones del pasado, dispuestos a conformar un gobierno de unidad nacional, con un candidato como Sebastián Piñera, que es capaz de liderar a personas con pasados diferentes, por un futuro en común.
La segunda circunstancia es la potente campaña desarrollada, contra todo pronóstico, por Marco Enríquez-Ominami, un diputado joven y energético que ha logrado poner un signo de interrogación sobre las posibilidades de Eduardo Frei de pasar a una segunda vuelta.
Sin embargo, por rudas que sean las campañas, hay ciertos límites que no se deben traspasar. Hay cosas que resultan necesarias de cuidar, aun a riesgo de enfrentar un veredicto popular adverso, porque uno de los mayores signos de compromiso democrático es ser un leal competidor. Una de ellas es usar la gobernabilidad, es decir, la capacidad de entendimiento entre los distintos sectores políticos, a pesar de sus legítimas diferencias, como una estrategia de campaña. Para esto es necesario también poner los intereses de nuestro país antes que las opciones políticas particulares.
No debemos olvidar, ni por un instante, que la gobernabilidad es un patrimonio de todos los chilenos. Esta es la razón por la cual los emprendedores e inversionistas están dispuestos a tomar riesgos en el país, invirtiendo sus capitales, creando empresas y generando empleo. Es la razón por la cual otras naciones confían e importan nuestros productos de exportación. Es la razón por la cual nuestros empresarios pueden obtener financiamiento a tasas razonables para sus proyectos. La razón para que seamos admirados como país en el gran concierto internacional, precisamente por nuestra capacidad de entendernos.
Los chilenos sabemos por experiencia que cuando la gobernabilidad se usa como estrategia política, negándole al gobierno de turno toda colaboración, incentivando los conflictos sociales y propiciando la inestabilidad, las consecuencias pueden ser desastrosas. Así ocurrió en otras épocas, en las que el lema de los opositores era negarle "la sal y el agua" al gobierno, lo que culminó en 1973 con la destrucción de la democracia con una secuela de sufrimientos que nos tomó más de dos décadas superar.
Por eso, me resultan impactantes las declaraciones formuladas por el ex Presidente Frei -pronunciadas en el acto conmemorativo del aniversario del triunfo del No- anunciando que de triunfar nuestra opción habría un aumento de la conflictividad social. Porque ellas sólo pueden ser leídas como una amenaza de generar artificialmente un cuadro de ingobernabilidad.
Le pido al candidato de la Concertación, con respeto, que recapacite, escuche los sabios consejos de sus camaradas Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, y se baje de ese "caballo" que, dicho sea de paso, en nada ayuda a su opción presidencial, porque la ciudadanía rechaza sin duda el uso del terror y la propagación del miedo como armas electorales.
Es particularmente decepcionante que dichas expresiones hayan sido proferidas en una celebración cuya dimensión histórica radica, precisamente, en haber refundado las bases de la convivencia democrática civilizada.
Como prueba de lo hablado, pensemos en la regla básica de la democracia, que consiste no en saber ganar elecciones, no en pretender que el futuro será como el pasado, sino que en saber también perder, sabiendo también reconocer que ninguna coalición es eternamente buena, y que hay momentos de reconstitución de las configuraciones y sus aspiraciones.
- Blog de Fernando Flores
(*El título es una cita a Cuco Sánchez)














































Este es el error más grande de Chile y el mundo, ver sólo una verdad. Estando la diversidad por todos lados, insistimos en ver en blanco y negro. Todos los países limítrofes se tienen rencores, sospechas, temores infundados. Esto se traspasa a los ciudadanos. En el intertanto los más visionarios, forman vínculos familiares, comerciales, camaradería de estudios, profesiones . Chile tiene que entender que para el desarrollo necesita de todos sus ciudadanos, ser pluralista, trabajar en equipo. Entender que el enemigo interno, es el subdesarrollo, con todas sus consecuencias negativas, para las personas y por ende para el país . Hay que luchar y trabajar para obtener el máximo provecho de la naturaleza, que es prodiga en todo lo que necesita el ser humano para ser feliz: Naturaleza, alimentos, abrigo, diversidad de especies vivas y vegetales. Un mundo infinito de posibilidades y utopías. Para que ver enemigos utópicos donde realmente no lo hay. Chile primero y la coalición por el cambio, visualizan está gran verdad, y por tanto, son los verdaderos representantes, de esta gran necesidad, que Chile amérita para Despegar a las grandes, ligas de los paises, Libres, Tolerantes, con Calidad de Vida. Donde se viva con EQUIDAD.-