El potencial de crecimiento de una economía está determinado por tres factores, 1) crecimiento de la fuerza laboral, 2) inversión y 3) aumento de la productividad. Este último es el que en las crisis aumenta notoriamente en desmedro de la fuerza laboral.
Las cifras de cesantía van creciendo a 12,8% con una escalada desde 8% en seis meses, (una aumento de 50%) claramente mas severa que la anterior Crisis Asiática. Los invito a recordar que fue esa crisis para entender y llamar la atención respecto de la pasividad con que nuestro gobierno enfrenta la presente crisis Sub Prime. Nos mueve la conjetura que estamos cometiendo el mismo error, cual es bajarle el perfil, tratar de solucionarla con aspirinas y despues llorar sobre la cesantía.
Vivir una crisis es muy duro y las sociedades más desarrolladas, con más experiencia en este tipo de cosas, saben manejarlas mejor de manera de no causar tanto pánico. Después de la crisis de 1930, la mayor de la historia financiera del mundo moderno, los países han aprendido a cuidar su capacidad emprendedora, lo que no necesariamente significa subsidios de ninguna especie, sino el uso adecuado de las herramientas que el propio mercado entrega. Para ello, en primer lugar, es necesario entenderlas para poder sacar provecho de las mismas.
En 1987, cuando hubo un lunes negro, un verdadero crash en Wall Street, la bolsa de Nueva York, Alan Greenspan, el presidente de la reserva federal, el equivalente al presidente de nuestro Banco Central, salió inmediatamente a decirle a los bancos "presten plata, yo los cubro"; con ello consiguió evitar el descalabro y un mes después los niveles de precios de la misma bolsa se habían recuperado. Greenspan no necesitó desembolsar un solo dólar para transmitir confianza al mercado y conseguir su propósito: evitar una crisis profunda en su economía. Nuestras autoridades en 1998 no tuvieron esa misma audacia y claridad, pudieron haberlo hecho mejor pero no supieron qué hacer, se asustaron y optarón por la peor alternativa para las PYMES y los emprendedores ("subir irracionalmente las tasas de interés"), el sistema financiero tampoco actuó con gran destreza, ambos sólo contribuyeron a profundizar la situación. Si en ese momento hubiese habido seguridad de pago, y ello se logra con más tiempo, si se hubiese dado un par de años de gracia para recuperar capital de trabajo y equis años más de plazo para pagar, el resultado hubiese sido distinto: la crisis hubiese sido menor. El susto y la sobrerreacción gubernamental y bancaria fueron los principales causantes de la profundidad de esa debacle de las PYMES.
Esta inexperta reacción debe anotarse como el mayor error de la administración Frei Ruiz-Tagle, del ministro de hacienda Eduardo Aninat y del Banco Central liderado por Carlos Massad. Una mayor audacia de la autoridad económica habría conseguido salvar mucha capacidad creadora sin desembolsar un solo peso o, incluso, con algo más de inteligencia se hubiesen podido obtener ganancias para las arcas fiscales. Sí, el Estado pudo haber "vendido" su aval a las PYMES, tal como lo hacen muchas grandes corporaciones a nivel mundial, las que utilizan su capacidad financiera para hacer negocios de mutua conveniencia con empresas pequeñas y medianas. De este modo, en esta crisis, el Estado pudo ganar plata avalando PYMES. En esas circunstancias, con deudas avaladas por el Estado, los bancos habrían debido bajar las tasas cobradas, pues bajaría el riesgo de sus deudores. En el límite, ese riesgo puede ser cero, lo que implica una tasa de interés prime, equivalente al que se le cobra a las grandes corporaciones a nivel mundial. En consecuencia, el Estado pudo cobrar un spread que les hubiera permitido a las PYMES la obtención de una tasa intermedia entre la que habitualmente obtiene (tasa alta debido a su riesgo) y la que obtienen las corporaciones con menor riesgo de pago, haciéndoles y haciéndose un favor, consiguiendo, de paso y por si fuera poco, salvar mucha capacidad creadora y emprendedora para el país.
Como se ha dicho, en las crisis (especialmente cuando se enfrentan con el esquema de libre mercado) se pierde mucha capacidad creadora, muchos emprendedores no alcanzan a salvarse, los más débiles según Darwin. Detrás de toda esta pérdida hay un drama humano para quienes trabajaban en esas empresas y para los emprendedores que estaban detrás de las mismas. Para muchos significó el fin de sus ganas de emprender y terminaron empleándose en algún lugar "seguro", si es que todavía existe algo así. Un número considerable de capacidad de emprender fue absorbida por las empresas que sobrevivieron la crisis, lo que generó, en la práctica, una acumulación y concentración de conocimiento en aquellas organizaciones que lograron "pasarla". Las crisis actúan como un desincentivador del emprendimiento. Esta es la raíz del desempleo que hay que vivir por varios años después de este fenómeno. Además, producto de la necesidad, las empresas aumentan tanto sus índices de eficiencia que es muy difícil la aparición de nuevos competidores, hasta que los márgenes vuelva a ser razonables, salvo que esos nuevos entrantes sean muy arriesgados, creativos y novedosos, características que, por desgracia, son aún escasas entre nosotros.
Más aún, muchas de las empresas que pasan las crisis lo hacen con un gran bagaje de deudas, lo que las hipoteca por años y estresa al máximo su capacidad creativa, pues deben producir lo suficiente como para pagar sus pasivos y permanecer con vida. En una crisis (figurativamente) se colocan en fila las empresas -de la más eficiente a la más ineficiente-, para tirar líneas y decir: "hasta aquí llega el nivel de eficiencia que el mercado permite", el resto se va para la casa. Esto, que es teoría básica de economía, se entiende mejor cuando a uno le ha tocado vivirlo, sentir que la guillotina pasa cerca de la propia "garganta" y que en la próxima caerás, si no te haces más eficiente. Ver cómo mueren empresas (amigos) a tu lado y el sufrimiento que ello provoca en todos quienes trabajan en dicha organización, ver gente que pierde todo lo que tiene y la confianza en sí misma, es una experiencia triste y fuerte, aunque fortalecedora.
En el caso de la crisis de 1998-2002 hubo muy poca interferencia gubernamental (parece que la pasividad es nuestro estilo). Se dañaron numerosas PYMES y de ello se pueden extraer muchas experiencias, pues no se puede prescindir de la intervención para salvar la capacidad creadora (empresas) y después llorar públicamente frente a las dramáticas tasas de desempleo. Más aún, no se puede caer en una contradicción tan evidente como la de destacar la necesidad de las propias PYMES para la economía del país y para el empleo y no contribuir a su salvación. Es como si se dijera: "son indispensables pero las dejamos morir igual". La Banca era necesaria en 1982 y por esa razón no se la dejó morir. Dicho de otra forma, o se enfrenta una crisis en el esquema del "sálvese quien pueda" y se asume el modelo "sin llorar" (lo que tiene la ventaja de optimizar el aparato productivo, aunque sea a través de un método primitivo, "darwiniano" en realidad, y por lo tanto fuerte y cruel) o se privilegia la salvación de esa capacidad creadora, de difícil y larga reposición (como se hizo en 1982 con la Banca), para evitar largas tasas de desempleo posteriores y colapsos mayores. Esto último, asumiendo que no se va a producir el efecto de optimizar el aparato productivo al máximo.
Existen defensores legítimos de ambos esquemas alternativos y no es claro determinar quién tiene la razón. También puede que nuestra típica mentalidad (el clásico ni tanto ni tan poco) quiera encontrar una tercera alternativa, al medio de las anteriores, que a los ojos de nuestra clásica falta de personalidad y de "toma de posición" siempre aparece como la vía de "consenso", la más popular.
El mercado, como hemos visto, se infla y se desinfla, es parte de su naturaleza. El mejor momento para emprender es cuando está empezando a inflarse, es como una ventana de tiempo que se abre y se cierra a ciertos intervalos y que, si se quiere, debe tratar de cruzarse antes de que sea demasiado tarde.
A la salida de las crisis, el desempleo dura algún tiempo, se recupera con lentitud, porque las empresas necesitan menos gente para hacer lo mismo y porque hay menor cantidad de organizaciones. La gente que permanece en la cesantía tendrá que esperar que se formen nuevas empresas, las que mayoritariamente surgirán en períodos de bonanza o cuando el mercado crezca lo suficiente como para copar la capacidad instalada de las existentes.
Las crisis, aunque son causa de destrucción de mucha capacidad creadora, paradójicamente son también origen de nueva capacidad creadora. Mucha de esa gente que quedó sin trabajo y a la que le cuesta encontrar uno nuevo, pasado algún tiempo, escoge la única alternativa que le queda para sobrevivir: emprender por su propia cuenta. No pocas empresas se crean de esta forma. Estudios americanos muestran que las dos edades en que más se opta por emprender son: al egresar del colegio o universidad y/o a mediana edad, alrededor de los cuarenta y cinco años, cuando se pierde el empleo y se tiene experiencia en algún área determinada.
Escrito por Rodrigo Silva - Miembro Fundador de ChilePrimero
Fotos: Todo-Juanjo, faungg































me gustaria aprender mas sobre estas informaciones que son muy importantes