Ni Frei ni Bowen ni nadie será capaz de cambiar esta mirada que, por desgracia, hoy es parte de la esencia misma del conglomerado oficialista.
Francisco Vidal nos regaló la más completa y honesta confesión sobre la forma cómo el aparato del Estado ha sido capturado por los partidos políticos. Nunca he denostado que los partidos que forman parte de una coalición política ocupen puestos en el gobierno. Eso es propio de toda democracia partidista, incluyendo la nuestra. Pero participar del ejercicio del poder no tiene porqué ser incompatible con nominar a personas idóneas para ejercer el cargo.
La "novedad" de la confesión de Vidal radica, precisamente, en que por primera vez un ministro en ejercicio reconoce en tribunales y bajo juramento que al nombrar altos directivos de la administración pública, que maneja miles de millones de pesos, no se "piensa en el bien de la institución" sino en evitar líos políticos. Esa es la ideología de la corrupción en acción. Porque al nominar a sabiendas a personas incompetentes por razones políticas, se está traicionando la fe pública.
No debe extrañarnos entonces que ocurran situaciones como: Transantiago, EFE, la pérdida de platas en el Mineduc o en la Enap, MOP-Gate, Registro Civil, Patricio Rojas, Hospital de Talca, Chiledeportes, PGE, etc, etc. Más bien estamos frente a la consecuencia inevitable de una forma dolosa de entender y utilizar el poder.
Pero todo lo anterior palidece ante la afirmación de Vidal de que, si en Chile se designara a las personas técnicamente más competentes para ejercer cargos, ¡estaríamos viviendo en otro planeta! Para el ministro de Defensa la forma de actuar del gobierno es la única posible y ni siquiera es capaz de imaginar que se puedan hacer las cosas correctamente. ¿Recuerdan al encapuchado de Chiledeportes arrancando del acoso de la prensa gritando "soy PPD, pienso como PPD"?
Por eso que el problema de la Concertación es estructural. Ni Frei ni Bowen ni nadie será capaz de cambiar esta mirada que, por desgracia, hoy es parte de la esencia misma del conglomerado.
Escrito por Jorge Schaulsohn
Foto: La Nación

















































